Somos pequeños y poderosos.

No recuerdo la primera vez que fui a la montaña, después de vivir toda la vida en la ciudad. Y ya es mucho decir que en la ciudad donde vivo esta rodeada de montañas, así es su frase descriptiva, por cierto.

Lo que sí recuerdo es la última vez que vi las montañas. Estaba con un grupo de amistades y llegamos a ese lugar después de aproximadamente dos horas. Todas, independientemente de cuál haya sido su vida quedamos impresionadas. Era simplemente otro mundo, una burbuja de paz en sus paisajes, una tranquilidad en su aire, un arrullo en su silencio. Eran kilómetros de pureza alrededor nuestro.

Comparado con el tamaño de cualquier montaña o maravilla natural: río, lago, cerro, bosque, cascada, volcán… Somos pequeños.

Y es que nuestro ego nos ha llevado a creer que podemos conquistarlo todo. No lo niego, sigo pensando que sí.

Se conquista el cerro cuando se llena de viviendas, se conquista un río cuando nos da agua que beber… a todo un pueblo… pero que tontos somos!

El ser poderosos considero, es más allá de las pequeñeces que antes mencioné. Es saber que sí, podemos llenar una montaña de casas lujosas, o llegar más arriba de la cascada, saber que podemos hacer mil y un cosas pero no las vamos a realizar no porque no podamos, sino porque somos conscientes de que ya fue mucho. Acabarnos la naturaleza, fabricar ropa que no usamos, comprar cosas que guardamos, ya fue mucho.

Algo más allá de nuestro poder nos rebasa y es justo el tiempo indicado de mostrar nuestra grandeza de otra forma positiva.

¿Qué valores serían los ideales para demostrar como sociedad que somos pequeños y a la vez poderosos? ¿Cuál es la forma correcta de ser conscientes a nivel sociedad para avanzar? ¿Qué poder realmente necesitamos en estos instantes?

Yo me quedo con ser generosos, humildes, pacientes y tener fortaleza interna. Así seremos pequeños y poderosos.

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Día de amor.

Este día es especial.

Nos recuerda la vida, nos recuerda el inicio y el final.

Algunos lo sienten festejo,

otros agradecimiento,

si bien es cierto, hay que provocar con amor los recuerdos.

Aprender a sentir,

que lo material no es eterno,

y aunque así lo quisiéramos,

este día nos recuerda que algún día allá iremos.

De esa persona que partió…

ya su aroma se percibió,

tu tacto lo besó,

tu vida lo miró,

sus palabras se tatuaron en tu corazón…

Este es el tesoro interno,

que guarda cada uno,

para seguir sintiéndose humano.

Se podrán haber ido todos,

o uno por uno o de a montones,

la certeza de la vida es que algún día volveremos a tener con ellos reuniones.

Y… ¿Qué te dejaron ellos en esta vida?

¿De verdad lo predicas?

Y… ¿Si con tu acciones rindes tributo a su memoria?

Y… si de amor se trata,

no hay palabras que alcancen a describir,

aún que fueran de pocas,

tú sabías su sentir.

Que las lagrimas en los ojos multipliquen la luz,

y se conviertan en momentos evocados con gratitud.

Sabes que se fueron… y no.

Nos quedan los recuerdos,

la ilusión de encontrarlos en nuestros sueños y su amor…