Somos amantes con la mirada.

Recuerdo el primer día que me vio.


Fue hace ya muchos meses. Tal vez yo lo había visto antes, mucho antes pero no lo recuerdo, sólo recuerdo el día que me vio.


Lo sé porque ese día se me acerco tanto que me incomodó, era como si quisiera que yo me diera cuenta de que existía y lo logró. De la nada y como si nada se volteó y sonrió, se presentó y dijo su nombre muy feliz, me gustaba su actitud y su sonrisa, era maravillosa, era como si todo el mundo sonriera con sólo verlo. En ocasiones tenía una actitud tan decidida que caía mal, estoy segura que a más de uno le caía mal. A él eso no le importaba.


Ese primer día se presentó y a como su astucia le permitió me invito por algo a la cafetería en el trabajo. Su plática era envolvente, presumido pero mesurado, me divertía hablar con él. Esa es la descripción perfecta: me divertía.


Pasaron los días y sentía que se me acercaba más y más. Más tiempo platicando, más tiempo coincidiendo en juntas o en proyectos de la oficina. Yo era muy impersonal en el trabajo, sólo Cristina, mi única amiga del trabajo conocía mi vida, ni mi jefe sabía que pasaba y para mi estaba bien.


Así pasaron los días y a mí me quedaban pocas semanas en el trabajo porque me cambiaba de ciudad. Iría a donde mi familia, extrañaba a papá y mamá, así que me iba por un tiempo, tal vez un año. Recuerdo cuando le dije que en 2 semanas me iba. Se acabó esa sonrisa. Nunca me dijo que sintiera algo por mí, nunca salimos fuera del trabajo. Su novia estaba por terminar sus estudios, todos sabían en la oficina porque era prima de uno de los jefes.


Me preguntó un completo interrogatorio después de decirle que me iba: ¿Desde cuándo sabías? ¿Pensaste que no me importaba? ¿Por qué no pensaste en mí? ¿Te gusto? ¿Qué sientes cuando me miras? ¿Sabes que me gustas? ¿Sabes que no puedo describir lo que siento por ti? ¿Tú también los sientes?


Todo al mismo tiempo.


Mis planes eran claros, no los iba a cambiar por él, que todo eso se lo imaginaba en su cabeza pero, que en algún momento yo también lo había alucinado.


Me encantaba. Verlo a los ojos era saber que ahí estaba, él y yo sabíamos lo que pasaba entre nosotros pero nunca se atrevió a nada, por miedo de estar en el trabajo, nunca mencionaba a su novia pero tampoco la dejaba.
Era encantador y cobarde.


El día que me fui de la oficina, pase por la cafetería antes de recoger mis cosas y le entregué una nota que decía:


“Somos amantes con la mirada”.

http://www.amordehoy.com

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